44 El susto

El pasado lunes no hubo clase y para celebrar el día del presidente nos subimos a hacer senderismo por la montaña nevada. Quise llevar a estos a ver una cascada helada que hay a no mucho de mi casa (una media hora montaña arriba si voy solo, unas dos horas con los demás…). El caso es que tras la subida intenté conectar el sendero por el que subimos con otro que ya había hecho otras veces y que no anda muy lejos, pero la cosa se puso muy cuesta arriba, no había sendero en la nieve y me quedé con las ganas de hacerlo.

Ni corto ni perezoso, me puse manos a la obra al día siguiente. Subo a la catarata, sigo montaña arriba, y cuando intento cambiar al siguiente cañón, no encuentro el sendero y decido bajar por un río que me encuentro pensando que el agua debe llegar a la base de la montaña por huevos. Entre tanto andar arriba y abajo de la montaña se me estaba haciendo tarde y aunque los días ya son algo más largos que hace un par de meses, la noche se me estaba echando encima y no quería estar muy alto cuando se fuera el sol y bajara la temperatura.

Mi cara debió ser un poema en el momento en que me dí cuenta de que el río efectivamente bajaba hasta la base de la montaña, pero no de manera que un ser humano lo pueda seguir, sino bajando por un acantilado que te cagas. Y eso hice, me cagué de miedo. Antes de pensar que soy un cagón hay que tener en cuenta:

1 Que llevaba unas tres horas andando cuesta arriba y cuesta abajo por la montaña.

2 Que el sol se había ido y estaba oscureciendo.

3 Que el último tramo había estado siguiendo las huellas de un “moose” (creo que se llaman alces en español) durante un buen tramo.

4 Que no sabía si iba a ser capaz de encontrar mi propio rastro en una montaña cubierta por metro y medio de nieve virgen.

5 Que las temperaturas en las montañas de Ogden nunca están por encima del punto de congelación pero por la noche pueden bajar sin problemas hasta los menos veinte grados Celsius.

Me puse muy nervioso le mandé un mensaje a Jean para que llamara a la poli y supieran que estaba en un lío. Después desanduve mis pasos y gracias a la luna y a la adrenalina de verlas muy chungas pude subir de nuevo por donde había bajado (mucho más fácil bajar deslizando por la nieve que subir cuando se te hunden las piernas en la nieve hasta la cintura). Al llegar abajo el poli que había llamado Jean y que me había estado llamando cada cinco minutos para ver si me perdía más o no me estaba esperando y me ofreció llevarme a casa, agua y le faltó ofrecerse a arroparme en la cama cuando llegase a casa, se nota que tienen un protocolo para estas situaciones… Bueno, que me enrollo y sólo quería hablar de que fue un susto pero que me ha venido bien porque ya no voy a hacer el idiota sin llevar ropa apropiada para pasar la noche, o luz, o algo para hacer fuego. Besos a todos.

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