50 Los Ángeles, California

Sábado por la mañana, son las 10 y algo y estoy en un restaurante que se llama Bob’s Big Boy en Hollywood. Los clientes se sientan en sofás de skay marrón enfrentados con una mesa entre los dos. Puedes ver a la gente de al lado por una franja de cristal a la altura de las cabezas que esconde las conversaciones de oídos indiscretos (a menos que estés muy interesado). La amplia cristalera de la fachada principal me recuerda inmediatamente a la escena inicial de “Pulp Fiction”.

El menú está en consonancia con el sobrepeso de muchos de los presentes. La icónica “Big Boy” es una hamburguesa doble supuestamente famosa en el mundo entero. La foto de la cubierta del menú deja ver tres palmeras tras un edificio modernista de los años 50 con enormes carteles luminosos durante una idílica puesta de sol. Todo muy bonito y tal… pero una mirada más profunda al local deja ver más detalles; la vista desde esa fachada de cristal en la dirección contraria muestra una carretera con cuatro carriles en cada sentido, un aparcamiento lleno de coches y varios edificios destartalados a la luz grisácea de un día nublado de verano con una temperatura algo más fresca de lo acostumbrado en estas fechas en la mancha manchega.

En la foto tampoco sale ninguno de los empleados (todos latinoamericanos) y sí varios dibujos de las clásicas pin-ups yanquis. Del mismo modo todo el mundo pasa por alto que para ir a la playa un sábado como hoy cruzando “downtown” te tienes que pasar dos horas en un coche a la ida y otras dos de vuelta para un trayecto que de normal sería unos 25 minutos. Bob’s Big Boy es un gran reflejo de la ciudad de Los Ángeles; después de todo, lleva aquí desde 1949.

En Los Ángeles hay muchas cosas que no salen en las fotos, o que no son “world famous”, pero esa no es la imagen de la ciudad que se vende al mundo. En cierto modo no deja de sorprenderme que lleven casi cien años explotando un cartel en una colina no demasiado especial y que a los manchegos no se nos haya ocurrido que un molino de viento (testigo de nuestra historia desde hace mucho más tiempo) pueda interesar turísticamente hasta hace un par de décadas…

Que los yanquis se han vendido muy bien desde siempre no es nada que vaya a descubrir a estas alturas cuando cualquier ciudad del mundo tiene un puñado de McDonald’s y todo dios lleva unas Nike y bebe Coca-Cola. La cultura de la imagen la han mamado desde siempre, no son la fábrica de sueños en vano. Lo que más me intriga y despierta mi curiosidad es que tanta gente busque el ángulo bueno de esta locura, que todos pasen por alto la gran contradicción que implica esta ciudad y sólo vean las luces y las palmeras en la idílica puesta de sol. ¿De dónde sale ese magnetismo? ¿Que convierte a una ciudad de contrastes, de ricos y pobres, donde delincuentes, mendigos y niños pijos comparten bulevares en la meca social y cultural que es hoy? ¿Cómo nos han convencido de que las playas de Santa Mónica son increíbles cuando normalmente hace demasiado viento como para no tener frío en verano? ¿Eran las tetas de Pamela Anderson demasiado grandes como para dejarnos ver la imagen completa? ¿Era por eso que siempre llevaba los pezones duros?

El hecho es que para ver el lado bueno de esta ciudad hay que buscar el encuadre y enfoque perfecto, y tienes que desenfocar y dejar borrosa gran parte de la imagen, pero eso no implica que el lado bueno no exista; la playa de Santa Mónica (o Venice Beach o cualquier otra en Los Ángeles) no es la mejor en verano, pero en invierno sigue igual, mientras el resto del hemisferio norte está pasando frío… No es que no haya cosas buenas, es que hay saber cómo y dónde mirar y por supuesto qué ignorar. Se dice por aquí que hay mil Los Ángeles y no todos funcionan siempre ni con todo el mundo. El mío está empezando a funcionar.

20130721-103717.jpgEsta es la foto de la portada del menú.

20130721-103818.jpgEste es el menú de hamburguesacas de gordos.

20130721-103926.jpgEsta me la hice patinando entre Venice y Santa Monica.

20130721-103949.jpgEn esta me hago el guay.

20130721-104024.jpgEsta es después de cabalgar las olas.

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