57 The End

Viernes 21 de marzo, mientras espero a que el tren que me lleva a Salt Lake City se ponga en marcha acabo de ver a una tía de unos cuarenta y muchos ser multada por aparcar el coche en un espacio para minusválido (su coche tiene la típica pegatina azul), pero su rueda ha pisado ligeramente una raya amarilla que había al  lado… Al ver esto no puedo dejar de pensar en los motivos que precipitan mi vuelta a casa.

Utah es un lugar mucho más habitable desde hace unas semanas, las temperaturas no son criminales, los senderos al pie de la montaña ya no tienen nieve y se puede subir a corretear o montar en bici. Pese a esto, las estaciones de esquí conservan un espesor más que aceptable teniendo en cuenta las temperaturas, y hacer snowboard sigue siendo una de las mejores opciones de tiempo libre. Salvo contadas excursiones a California, Utah ha sido mi casa desde hace casi dos años y a partir de ahora cada vez que oiga hablar de este lugar en el mundo, voy a tener una idea nítida de todo lo que he vivido aquí.

Para bien o para mal me gusta comparar, de hecho es una de las facetas de mi personalidad que desquician a Jean con mayor facilidad, pero siempre lo he hecho. Comparo lugares, objetos, culturas, mentalidades, estilos de vida, sensaciones, sentimientos y hasta personas. Esto no está bien y yo lo sé, he oído mil veces que las comparaciones son odiosas, pero lo sigo haciendo. El peligro que esto implica es que cuando comparo algo con otro algo que no está presente y que no ha estado presente durante mucho tiempo, ese otro algo no presente se mitifica. Por ejemplo, puedo recordar perfectamente todos los buenos ratos que pasé en Nueva Orleans de fiesta, la gente con la que conecté y que siguen estando ahí, pero no me acuerdo con tanto detalle de qué me hacía sentir tan mal como para no aguantar ni un minuto más. Bueno, en realidad sí que me acuerdo, pero me cuesta más trabajo que recordar lo bueno; y todo el agobio, estrés y mierdas de aquella experiencia no están ligadas a mi concepto de “mi estancia en Nueva Orleans”.

Una vez comprado el billete de avión para España (el próximo 4 de abril estoy allí), lo único que puedo pensar es lo mucho que echo de menos a mis amigos y las ganas que tengo de volver a la tranquila vida moñigona que tanto me agobiaba hace un par de años y de la que quería escapar a toda costa. Hace una semana, el día que tenía que recoger mis cosas del colegio, lo que más me atemorizaba era la posibilidad de que la directora hubiese “reconsiderado” mi despido (como mucho padres le estaban casi suplicando) y me tocase volver al día siguiente. Esta es la razón por la que nunca jamás estaré totalmente satisfecho con mi vida en ningún lugar, siempre la compararé con otra vida pasada idealizada por la distancia ya sea física o temporal.

Estoy convencido de que en un par de meses estaré echando de menos las montañas de Utah, la facilidad para montar grupos de rock, sentirme extranjero, ver pelis sin doblaje y dólares en la cartera, pero no me acordaré de las cosas que son una mierda ahora y lo serán también cuando eche de menos todo lo demás, en fin, no voy a hacer otro post de todo lo que no mola de los EEUU (eso ya está en el post 15) pero no está de más recordar que no todo es como en las pelis.

Categorías: Sin categoría | 5 comentarios

Navegador de artículos

5 pensamientos en “57 The End

  1. ¿Así que te marchas? Bueno, todo tiene su lado bueno, ¡nos vemos en verano!

  2. zio

    😉

  3. silvix

    bueno, pues ya te haré una visita a la mancha. un besico

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: